¿Será que tengo TDAH?


¿Será que tengo TDAH?

El Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, también llamado TDAH por sus siglas, es una condición del neurodesarrollo. Esto significa que sus manifestaciones comienzan durante el desarrollo, desde la infancia, y que en un porcentaje de personas persisten durante la vida adulta.

Sin embargo, esto no significa que todas las personas con TDAH hayan sido diagnosticadas durante la infancia o la adolescencia. Muchas pudieron presentar síntomas que pasaron desapercibidos porque contaban con medidas compensatorias que les permitían responder a las demandas del entorno en ese momento. Otras pudieron tener síntomas subumbrales, que no alcanzaban entonces a cumplir todos los criterios para establecer un diagnóstico.

Y así fueron avanzando, hasta que llegaron nuevas demandas.

La universidad. Un posgrado. Una maestría. Una especialización. Un trabajo con mayores responsabilidades. La necesidad de organizar de manera autónoma el tiempo, cumplir múltiples tareas simultáneamente y responder a exigencias cada vez mayores.

Y aquello que antes lograban compensar empieza a hacerse evidente.


¿Puede aparecer el TDAH por primera vez en la adultez?

El llamado “TDAH de inicio tardío” ha sido objeto de controversia en la literatura científica. Por eso, cuando evaluamos a un adulto que consulta por primera vez por posibles síntomas de TDAH, es importante reconstruir su trayectoria.


¿Qué ocurría durante la infancia? ¿Cómo era su desempeño escolar? ¿Necesitaba mucha supervisión? ¿Olvidaba cosas? ¿Le costaba organizarse? ¿Había síntomas que quizá no generaban una dificultad suficiente para consultar en ese momento?

Cuando es posible, esta reconstrucción también puede incluir información de familiares u otras personas que conocieron al paciente durante etapas anteriores de su vida.

Y entonces empezamos a encontrar esas “cositas” que estaban allí desde antes, aunque nadie las hubiera llamado TDAH.


El TDAH tampoco es solamente un “déficit de atención”

El nombre puede llevarnos a pensar que estamos hablando exclusivamente de una persona que no logra prestar atención. Pero es mucho más complejo que eso.

Existen dificultades en la regulación de la atención, en funciones ejecutivas, en la motivación y en los sistemas cerebrales relacionados con la recompensa, entre otros procesos. Es decir, existe una base neurobiológica que ayuda a comprender por qué el TDAH puede afectar diferentes áreas de la vida.

Por eso tampoco podemos seguir reduciéndolo a la imagen del niño que no podía quedarse quieto en el salón, hablaba constantemente, recibía llamados de atención o perdía años escolares.

Hay muchas otras formas en las que puede manifestarse. Y en la vida adulta vale la pena hacerse algunas preguntas:

     ¿Y si las dificultades que estoy teniendo ahora en el trabajo, en la universidad, en una maestría o en una especialización van más allá de la “pereza”?

    ¿Y si esta procrastinación no se explica únicamente porque estoy hiperconectado, porque no me motiva lo que tengo que hacer o porque simplemente “no quiero hacerlo”?

No significa que necesariamente sea TDAH. Significa que, si existen dificultades persistentes que están afectando nuestro funcionamiento, vale la pena mirar un poco más allá.


Diagnosticar no es simplemente poner una etiqueta

El diagnóstico de TDAH requiere una evaluación integral y hacer un diagnóstico no consiste simplemente en ponerle un nombre a lo que le ocurre a una persona para después formularle un medicamento.

Se trata de comprender cómo se manifiestan las dificultades en ese individuo, reconstruir su trayectoria desde etapas tempranas, evaluar su funcionamiento actual y explorar otras condiciones que puedan explicar o acompañar los síntomas. A partir de allí podemos diseñar un plan de tratamiento individualizado que no significa hablar exclusivamente de medicamentos.


Pero también tenemos una tarea pendiente desde la infancia

Desafortunadamente, todavía hay niños y adolescentes cuyos síntomas pasan desapercibidos, siendo una parte del problema que nuestros entornos familiares y escolares no siempre cuentan con la formación suficiente para reconocer estas dificultades y saber cómo responder frente a ellas.

Por eso considero especialmente importantes los nuevos enfoques que plantea la legislación colombiana en salud mental y la necesidad de trabajar también dentro de los ámbitos escolares. Situación que necesitamos que se decante rápidamente, que existan decretos que puedan materializar esta nueva legislación.

Y sin ahondar más en política, no se trata de buscar diagnósticos para todos los niños. Mucho menos de “formular a todos los niños”. Se trata de brindar herramientas a los niños y adolescentes, pero también a sus familias, profesores y entornos educativos. Identificar dificultades oportunamente permite implementar estrategias, apoyos e intervenciones que pueden ayudarles a desarrollar herramientas para responder a las demandas que irán apareciendo a lo largo de su vida.

Quizás así, años después, tendremos menos adultos preguntándose por qué algo que aparentemente “nunca había estado ahí” comienza a hacerse evidente cuando las demandas superan las estrategias con las que habían logrado compensarlo.

Es una invitación para nuestro sistema de salud: replantear cómo estamos trabajando la salud mental en los ámbitos escolares y qué estamos haciendo para identificar e intervenir tempranamente estas dificultades.

Pero también es una invitación para los adultos que hoy están atravesando estas situaciones:

     Si cada vez resulta más difícil responder a las exigencias del trabajo, si una maestría o una especialización está haciendo evidentes dificultades que antes lograbas manejar, si la procrastinación, la organización, la atención o la regulación están interfiriendo con tu funcionamiento, no significa automáticamente que tengas TDAH.

Pero tampoco tenemos que explicarlo todo como pereza, falta de disciplina o falta de interés.

Es importante buscar una valoración profesional. Porque, una vez más, antes de poner una etiqueta o decidir un tratamiento, necesitamos comprender qué está ocurriendo.


Entender antes de temer.


Dra. Carolina Ayola
Psiquiatra clínica y psicoterapeuta


Este contenido tiene fines educativos e informativos y no sustituye una valoración médica individual.